buzones.jpgA Martina le gustaba pasear por el paraje de los buzones. La mayoría, ya vacíos, eran esqueletos de otra era. Algunos guardaban los últimos mensajes. El papel escrito se deshacía al contacto con el aire. Un no lo siento. Un vamos a vernos. Un ayer te deseé.

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51Las máscaras artesanales que elaboraba Nicoletto no eran máscaras vacías. Sus ojos siempre seguían a sus compradores y sus sonrisas burlonas se jactaban de ellos. En su reverso, sin embargo, tan solo había madera lacada y vidrio.

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50Haiduk tenía que pasar al otro lado. El hombre cheposo del mostrador le dio una caja. “Solo caben los recuerdos”, gruñó con voz monótona. El chico intentó meter todo lo que había sido suyo, pero rebotaba sin remedio. Solo los recuerdos llenaban la caja.

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